#1 Lolita Tapería

#1 Lolita Tapería
14 mar 2016

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Tapería con carácter

Lolita Tapería tiene el carácter de la ciudad y su pulso creativo, ágil y cosmopolita. Situada en el popular barrio de Sant Antoni, en el corazón del Paral·lel, es uno de los mejores exponentes del tapeo urbano contemporáneo y la consecuencia de la transformación del Inopia Classic Bar. Cuando se cerró el emblemático local, Joan Martínez, copropietario junto con Albert Adrià, decidió que era el momento de levar anclas y zarpar cual lobo solitario a la aventura, eso sí, con rumbo bien trazado y destino claro: convertir Lolita en un lugar carismático, un punto de encuentro colorista e informal donde la gente comparte mesa, barra, comida y divertimento, una propuesta de tapas espectaculares e inspiradoras con toques de autor.


Foto portada: © Víctor Garcia (Baboon Graphics)
Fotos: Lydia Cazorla

Era el verano del 2010 y así empezó la historia de Lolita, un lugar donde el visitante, fiel o de paso, tiene la sensación de estar entre amigos, de formar parte del barrio y de gozar de un ambiente que a Juan le gusta calificar de “canalla” y que no es más que el disfrute del momento, las risas y la conversación delante de una buena tapa.

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«…aplicar mis labios voraces
a su corazón desconocido».
Vladimir Nobokov, Lolita

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Joan Martínez, sencillez y respeto

Joan Martínez es el creador de Lolita y encarna al más genuino de los mosqueteros gastronómicos. Hace seis años se puso al frente de Lolita cuando solo era una inspiración, y combatió contra horas de insomnio para conseguir dar consistencia a la idea que le bullía en la cabeza. Vital y extravertido, trabajó tenazmente para transmitir la esencia de su personalidad a su local. Quería que la gente comiera bien, como a él le gusta comer, y que se divirtiera como solo él sabe hacerlo. Se rodeó de un equipo de buenos amigos, de ilusión arrolladora y de una sonrisa de oreja a oreja, y así hasta ahora. Su lema es “sencillez y respeto”, sencillez porque dice que siempre “estoy aprendiendo y lo que me queda”; respeto, el que siente por la gente, sus clientes, a siempre ofrece el mejor producto y la calidad excelsa.

 

“La base de mis tapas es el producto de calidad”, explica, un concepto que le inculcaron sus exsocios y amigos Ferran y Albert Adrià. Y eso le obliga a madrugadas en Mercabarna en busca de los mejores alimentos y a trabajar sin descanso poniendo a prueba su vitalidad innata y su perenne sentido del humor, a tener que buscar en la memoria cuándo fueron sus últimas vacaciones o a rebañar un poco de tiempo entre fogones para dedicarse a su pasión, la música.

Con los brazos abiertos

No es muy grande, no es muy pequeña, sí muy acogedora, decorada a su estilo, con iconos de sus gentes, descaradamente provocativa, arropa a sus clientes para hacerles sentir bien, es el “buenestar”. Sus famosas tapas se han convertido en un gran espectáculo de sabores y sensaciones, reconocidas tanto en las guías nacionales como en las internacionales como uno de los mejores templos urbanos gastronómicos. Rebosan sencillez, pero cuando se prueban se convierten en una de las experiencias más contundentes para el paladar. Después viene el íntimo disfrute del placer de la cocina de autor, y más tarde el querer desentrañar los misterios de tal arte excelso. Y sin que suene a exagerado, los clientes, de todo tipo de imaginería y condición, se rinden ante un excelso festín, en ocasiones sin ánimo de finalizar la degustación. Es Lolita.

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Besos que se comen

Gente siempre en la puerta y en cantidad. En Lolita puede pasar de todo sin pretenderlo. Desde su creación, Joan ha querido que aquí reine un ambiente informal y divertido. Y no le ha sido difícil conseguirlo. En sus mesas compartidas se han sentado personajes variopintos, famosos, populares, célebres, anónimos, internacionales, de la ciudad… Y repiten. Dice Joan que su público es muy diverso y que varía y según el día de la semana, un cliente fiel que se resiste a marcharse y conforma esa atmósfera de pasarlo bien de la que tanto hablan los habituales a la tapa y vermut.

Joan no sabía qué nombre ponerle a la tapería, pero como es hombre de mitos mezcló la esencia flamenca de su admirada Lola Flores con la picardía iconoclasta de la novela de Nabokov, y apareció el nombre de Lolita. Y también rememoró imágenes de la película de Stanley Kubrick, y toda esa inspiración, además de un nombre, otorgó una identidad y un carisma a su local. El logo se lo debe a una buena amiga cliente que, sentada a la barra ante una de sus tapas predilectas, estampó un beso en la servilleta de papel blanco. “Toma”, le dijo, “aquí tienes tu logo”, y así nació el icono de Lolita, picante y seductor.

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